sábado, 2 de mayo de 2009

cuenta de un largo invierno IV

Después de un par de días en Guadalajara ( ya volveré sobre el tema ) y un largo viaje en bus , llegamos por fin a Melaque. Empezamos por instalarnos en el Hotel Costalegre, que es el preferido de los quebecos, y el lugar donde pernocta por siete meses nuestro “trailer”, que esta vez no nos depara ninguna sorpresa ( Ya un año lo encontramos invadido de ratones, otro de abejas con colmena y todo, y lo que es peor, una vez descubrimos que había sido invadido por animales de dos patas, que no alcanzaron a llevarse demasiado.

Alguien nos remolca hasta el “camping del ejido Emiliano Zapata “ para los muy neófitos digamos que ejido es una forma de propiedad colectiva de la tierra, creado por la revolución mexicana que no ha funcionado muy bien hasta ahora y que en líneas generales , agrupan a los antiguos campesinos de los latifundios expropiados.

 

Esta es la Bahia de Barra de Navidad con sus tres “comunas” colindantes: Barra, Villa Obregón y Melaque. El punto rojo indica el lugar de nuestro campamento, el amarillo, la playa que preferimos, y el azul, el hotel Costalegre.

Estamos al lado del arroyo Melaque, que en invierno no lleva agua, pero que si acumula cualquier cantidad de zancudos, iguanas y otros bichos, y hasta un cocodrilo o caimán, que no tiene nada que estar haciendo ahí ( alguien lo llevó ) y que constituye nuestro principal atractivo turístico.

Marilén se acomoda en el pequeño “trailer” y yo en una palapa donde meto mi catre de campaña. Nuestros horarios vitales profundamente diferentes nos hace imposible compartir pacíficamente el mismo espacio por mas de una semana.

La cocina se instala en una palapa al exterior, donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo, salvo en la tarde, cuando los mosquitos nos obligan a buscar refugio en un espacio mas protegido.

La ida a la playa es nuestro momento sagrado. Salvo en caso de enfermedad grave, a las 3:30 de la tarde, la emplumamos a la playa.

 La playa no está a mas de 100 metros de nuestro campamento, y solo para la luna llena las olas son capaces de voltearme. Para el otro lado están los restaurantes, donde comemos de vez en cuando.

 

Esto esta muy largo. Sigo mañana.

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